José Luis Borau, director de cine, escritor y presidente de la Fundación Borau
«En mi vida no he hecho más que leer y ver películas”
El jueves 16 de octubre, José Luis Borau será el encargado de
inaugurar el ciclo Escritores en la Biblioteca, una iniciativa del Foro
Complutense que ya se ha consolidado como una actividad de relieve
dentro del panorama cultural madrileño. Borau es recordado por los
amantes del cine como el director de Furtivos (1975), aunque él
reconoce tenerle más cariño a otras películas como Leo, la última que
dirigió en el año 2000. En los últimos años, casi por azar como explica
en la entrevista, ha publicado varios libros de cuentos y en noviembre
aparecerá su próxima obra.
Texto: Jaime Jiménez
Nos recibe en su despacho de la SGAE, institución que preside desde julio de 2007. Desde entonces ha sido nombrado miembro de la RAE para ocupar el sillón B, ha publicado su segundo libro de relatos, El amigo de invierno, y está inmerso en infinidad deactividades. A pesar de todo eso, se muestra tranquilo y afable. –
- ¿Esperaba ocupar un sillón en la Real Academia Española?
De la sorpresa todavía no me he recuperado, aunque me dieron una razón que es atendible, y es la de que el sillón que heredaba yo, era el de Fernando Fernán Gómez. Desde ese punto de vista tiene una cierta lógica, para conservar la tradición cinematográfica. Pero como yo no sabía el motivo en un principio, pues ya te digo que no me he recuperado.
- ¿Es cierto que usted fue uno de los promotores para que ingresara Fernán Gómez en la RAE?
Berlanga y yo fuimos en la primavera de 1998, el mismo año que yo iba a dejar la Academia de Cine, a la RAE a hablar con Lázaro Carreter para recordarle que no había nadie relacionado con el cine dentro de la Academia. En Francia ya en los sesenta se había nombrado a René Clair. A Lázaro Carreter le pareció muy bien y dijo que ya se había hablado allí de eso y nos dijo que habían barajado los nombres de Fernán Gómez y el del propio Berlanga. Nosotros habíamos pensado en Azcona y al director de la RAE le pareció bien. Quedé a comer con Azcona y después de hablar de otros asuntos le dije que le queríamos proponer como miembro de la RAE y me montó un número, que cómo habíamos pensado en él como académico, que cómo iba él a dar un discurso. Le pedí perdón y a la mañana siguiente fui a Lázaro Carreter y le dije: “Fernando Fernán Gómez”.
«Mi mayor frustración es no haber podido conocer a John Ford»
- ¿El cine y la literatura han sido siempre sus dos grandes pasiones?
Es algo que me ha gustado de niño, de mayor, de viejo, de joven y de intermedio. En mi vida no he hecho más que leer y ver películas. Yo empecé siendo crítico de cine porque era el único medio que tenía de iniciarme en, como dicen los políticos, esa andadura. Además estaba yo en Zaragoza estudiando derecho y yo lo que quería era acabar la carrera, hacer una oposición y venirme a Madrid al Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas.
- Después de su larga carrera cinematográfica, se pasa a la literatura en 2003 con Camisa de once varas. ¿A qué se debe ese cambio?
Eso no fue idea mía. Yo había leído siempre muchísimo,y de una manera desordenada, que es la manera buena de leer, te digan lo que te digan. En cambio yo no había pensado nunca en escribir. Había escrito poca cosa, aparte de los guiones de las películas, tanto las que se hacen como las que nunca se llegan a rodar. Un día me llamó Juan Cruz para coordinar un libro con cuentos de cine de varios autores. Se quedaron muchísimos por el camino y me llamó de nuevo para hacer un segundo volumen. A mí aquello me aburrió un poco y se me ocurrió otra idea: reunir cuentos cuyos autores fuesen directores de cine. En ese Cuentos sin cámara yo también escribí un cuento. Total, que la siguiente directora de Alfaguara, Amaya Elezcano, me llamó y me dijo que había leído mis cuentos y que le habían gustado. Me preguntó si tenía más y le respondí que sí, que había más material en lo que se puede considerar el “baúl de los cadáveres”. Me lo pidió, le gustó mucho y de ahí surgió ese libro.
- ¿El título era una petición de perdón por inmiscuirse en el mundo de la literatura?
Ese no era el título original del libro. En principio se iba a llamar Cuentos de Culver City, porque la mayor parte de esos cuentos y guiones los había inventado cuando vivía en Los Angeles. La película que yo hice allí se procesaba en Culver City, en los estudios de la Metro. Unos laboratorios, por cierto, tan desastrosos o más que los nuestros. En lospaseos que me daba por allí, a la espera de que saliera el trabajo, se me ocurrían esas historias. A Amaya no le gustaba el título y no encontrábamos otro. Le dije que eso me pasaba por meterme en camisa de once varas, y de ahí surgió el título final. Por cierto, en noviembre va a salir un libro con mis cuentos de Culver City, que ahora sí son todos los que transcurren en Estados Unidos.
¿No ha pensado pasar de los relatos a la novela?
Ya me lo ha dicho mi agente literario, pero para una novela hace falta mucho tiempo y de momento ni me lo planteo. Me paso las mañanas en la SGAE y por las tardes llego a mi casa agotado.
- Y no sólo eso, sino que en breve ocupará su puesto en la RAE, preside la Fundación Borau y codirige la Semana de Cine Experimental de Madrid. ¿Cómo es capaz de coordinarlo todo?
Pues muy mal, porque a todo eso además hay que sumarle la Academia de San Fernando, de donde salen más cosas, como escrituras de prólogos o necrológicas. En lo que respecta a la Semana de Cine Experimental tengo que decir que lo lleva prácticamente todo Natasha Molina.
- En todos estos años de relación con el mundo del cine habrá conocido a grandes personajes. ¿Quién le ha dejado más huella?
Pues no sabría decirte. Yo era muy mitómano teórico, porque luego en la práctica, todo es diferente. Mi mayor frustración fue no conocer a John Ford habiéndole podido conocer en un banquete en el American Film Institute. Había conocido a Hitchcock y a Billy Wilder, pero de darles la mano y saludarles. De gente que yo haya conocido y tratado algo más está King Vidor.
- Y Luis Buñuel.
Por supuesto, Buñuel. Soy muy amigo de Rafael, su hijo pequeño. Con Buñuel tuve mucha relación, profesional y personal, entre otras cosas porque él fumaba Gitanes, que era una marca que no podía comprar en México. En Sunset Boulevard había una tienda de tabaco muy exquisita y alguna vez yo le compraba unos paquetes y se los mandaba. Tengo varias cartas de él que me da las gracias por los envíos.
- ¿Es cierto que escribió usted un guión con Rafael Azcona?
Sí, sí, está escrito y acabado en un cajón de mi mesa. Se llama Las hermanas del don y está escrito sobre una idea que se me ocurrió a mí y le conté a Rafael.
“El enemigo público número uno”
José Luis Borau está acostumbrado a las críticas positivas, tanto por su trabajo cinematográfico como por el literario. Los críticos más duros le han surgido desde que aceptó el cargo de presidente de la SGAE. Cuenta que el primer email que recibió cuando llegó al cargo era de un hombre que decía:
“¿Se da usted cuenta, señor Borau, de que ha pasado a ser el enemigo público número uno de España?”. Reconoce que no suele prestar mucha atención a este tipo de comentarios, pero en ese caso concreto le respondió porque en el fondo le “hizo gracia”. Considera Borau que si la gente no está de acuerdo con asuntos como el canon que acudan a Bruselas, porque no es una cosa de la SGAE. Recuerda que Alemania, en 1967, sin mandato europeo, aceptó el canon “como mal menor, inevitable”. Según él, los países anglosajones que no tienen canon digital cuentan con un sistema distinto, “que es peor, y es el del copyright, que no se andan con gaitas, y si lo infringes vas a la cárcel”. Afirma que en una sociedad en la que “todos viven de su trabajo no tiene sentido no pagar a quienes fabrican cultura”.
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